
Toda ficción nace de la realidad y especula a partir de hechos reales. Y la narrativa de la ciencia ficción siempre refleja los temores más cercanos.
Toda ficción nace de la realidad y especula a partir de hechos reales. Y la narrativa de la ciencia ficción siempre refleja los temores más cercanos. Pero en 1999, ningún aficionado al género estaba preparado para digerir la dimensión que alcanzaría una película como Matrix. Dejando a un lado el fenómeno mediático que supuso, la excepcionalidad de sus efectos bullet-time photography y la instalación de una banda sonora atronadora, esta simbiosis entre espectáculo audiovisual y filosofía, escrita y dirigida por los hermanos Wachowski, no sólo se transformó en un referente obligatorio sino en metáfora de una nueva relación con la realidad. Un día después del estreno de Matrix la realidad ya no fue como antes.
Matrix es una saga dividida en tres entregas. Pero la primera, con su memorable cascada de letras y números verdes, sus diálogos asomándose a la filosofía, su trepidante acción y contradictorio desenlace romántico fue la porción fundamental. Es esta una historia donde el mundo es una ilusión generada por un ordenador central –la matriz– y los seres humanos son esclavos del sistema. Si en referentes cinematográficos anteriores ya se había tocado el conflictivo dilema de la inteligencia artificial, en esta película, cargada de símbolos cristianos y que actualizaba el mito de la caverna de Platón, nos acercaba a una serie de cuestiones de mayor tensión. Con referencias a títulos como Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, los guionistas no sólo retomaban la clásica referencia de la vida más allá de los espejos sino apuntaba su verdadera connotación simbólica: los espejismos del consumo y sus efectos. Sólo dos años más tarde, viendo caer las torres gemelas a través de una pantalla de televisión, se materializó lo que esta película había sugerido como discusión sobre los límites entre la realidad y la ficción. “Sólo viendo caer las torres del World Trade Center en la televisión”, escribió Slavoj Zizek, “pudimos comprender cuán falsos son los llamados reality shows, a pesar de que esos programas pretenden ser auténticos”.
En los sesenta, el teórico canadiense Marshall McLuhan anunciaba una nueva relación con los medios de comunicación, acaso con un desmedido entusiasmo estimulado con la idea de que cada persona, en un futuro cercano, podría ser dueño de una computadora personal desde el espacio doméstico. Matrix, en cambio, pronosticaba el declive de esa relación afectiva al poner en duda los límites de la pertenencia asociados a la ideología del capital y de la propiedad privada. ¿Crees en el destino? ¿Crees que tienes el control de tu vida? fueron algunas de las reflexiones que la película susurraba al espectador. Y que en años recientes cobraron sentido con el naufragio de las bases del capitalismo y las especulaciones financieras. Para celebrar sus diez años, hay que afirmar que Matrix fue la película clave en el fin y el principio de este siglo. Reflejo de una época de cultura global, es la película que instaló la pregunta que abría el nuevo siglo: ¿qué es la realidad?
Rosina Cazali
rosinacazali@gmail.com
0 comentarios :: El día despues de Matrix
Publicar un comentario